Simplemente Juan
Te llamas Juan, simplemente Juan. Estás sobre tu cabalgadura a la mitad del puente. De un extremo, una ciudad majestuosa, con campos bien arados, ríos, comercios, fuentes, música por todos lados y un pueblo que habla uno de los idiomas más viejos del mundo y por tanto te es extraño. Tu tierra, una estepa árida, poblada de huizaches y conejos. Eres Juan, simplemente Juan y no traes fósforos para encender tu cigarro porque en tu comarca no los fabrican. Maldices. Darías tu alma por un cerillo, pero ese día el demonio de los cristianos o no laboró o estuvo muy ocupado. Para el mal siempre hay tiempo. En medio de tu hambre y tu confusión, alguien te ha escuchado al pie de ese puente, del lado de esa ciudad que reluce limpia, transparente como las gemas del áfrica. Tonatiuh trae cofia y una Cimitarra, también habla el idioma más viejo del mundo. Su mano como ardiente látigo te alcanza y te da ese fuego. Tu cigarrillo enciende. No logras saber quién o qué es, parece un jug...