Simplemente Juan


Te llamas Juan, simplemente Juan. Estás sobre tu cabalgadura a la mitad del puente. De un extremo, una ciudad majestuosa, con campos bien arados, ríos, comercios, fuentes, música por todos lados y un pueblo que habla uno de los idiomas más viejos del mundo y por tanto te es extraño. Tu tierra, una estepa árida, poblada de huizaches y conejos. Eres Juan, simplemente Juan y no traes fósforos para encender tu cigarro porque en tu comarca no los fabrican. Maldices. Darías tu alma por un cerillo, pero ese día el demonio de los cristianos o no laboró o estuvo muy ocupado. 


Para el mal siempre hay tiempo. 
En medio de tu hambre y tu confusión, alguien te ha escuchado al pie de ese puente, del lado de esa ciudad que reluce limpia, transparente como las gemas del áfrica. Tonatiuh trae cofia y una Cimitarra, también habla el idioma más viejo del mundo. Su mano como ardiente látigo te alcanza y te da ese fuego. Tu cigarrillo enciende. No logras saber quién o qué es, parece un jugador de básquetbol retorciéndose para hacer una canasta. Le das las gracias. Te extiende el contrato. 

--Por encender un cigarro, mi alma, debe ser una broma.
--Tú alma por ser Don Juan-- te responde. Todavía no existe, pero existirá, te explica. 
--¿Cómo es eso--

Estás en un agujero, en medio de mucha gente, traes unos bidones en la mano, quieres más combustible, has encontrado el trabajo ideal. Dice un refrán mal dicho: Dame un trabajo honradamente para que pueda robar. Estás robando combustible. 
--Por robar combustible ¿mi alma?
--Tu alma por ser Don Juan. 
Encuentras un trabajo dónde te pagan una miseria y en tu genialidad o ignorancia tienes que buscar la manera de completar el gasto. Vendes el formato para pedir un trámite gratuito o alargas y alargas las peticiones para que el ciudadano común finalmente, ante la tardanza, te ofrezca un pago para acelerar el proceso.
¿Qué pide Juan?: que me den ese puesto honradamente para seguir robando.
Años de ignominia y de opresión me llevan a romper los ductos que pasan por mi provincia para tomar una gasolina que es del estado. Mi falta de educación, mi desesperanza y mi opresión me hace cometer un delito. Pero la impericia, el dolo y la mala fé produce la chispa maldita que me calcina como en la novela de Dante Alighieri.

Se comienza la sesión. Don Juan ha asesinado al padre de Inés, es decir, Don Juan ha asesinado a su propio padre. Es perseguido por las Euménides pero no puede ser juzgado porque se refugió en la casa del Sol. Los dioses deliberan si lo mandan a encadenar en una montaña para que un pájaro gigante le coma las entrañas y así una y otra vez. Pero el Dios Sol ha interpelado.
--No podemos estar juzgando a los hombres cada que asesinan a sus padres o hermanos. Entreguemos a Juan a los hombres.

--El soplo maldito del demonio que compra almas me hace firmar el contrato donde doy todo a cambio de alcanzar el éxito: Ya la hice y ustedes no. Me he convertido en Don Juan. Vendrán 20 monjes a apalearme y a aniquilarme porque todos me tienen envidia. 
Mientras unas gentes corren en llamas y otras se calcinan en medio de esas praderas repletas de huizaches y conejos. Ella me besa y me abraza. Los dos vamos viajando hacia el paraíso.

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