"Canciones 29"


No sé cómo fue que sucedió, pero te refugiaste como un nudo en el corazón. Salí de prisión y me llevaron con los amigos, bebimos cerveza y cerdo frito. Mi tierra había cambiado, la casa de los abuelos también, hacían falta unos brazos de un hombre para mantener la finca. Reíamos y cantábamos pero no sé como me preguntaron por mi mujer, un herizo terrestre se atoró en mis pensamientos. Tenía que fingirme el fuerte. La veré más al rato, respondí. Mentía. Apreté la boca del estómago. Las verdes colinas comenzaron a hacerse frías. Los abuelos habían muerto y muchos amigos se habían perdido en las comisarias. Ahora brillarían los granos como caritas de niños recien nacidos en las mazorcas de los maizales, también sembrariamos más pinos, con letras y cantos a la tierra acompañando a los odres de vino en medio de las nieblas de la tarde. Las lluvias serían memorables. Sin ti el destino detuvo su manecilla. ¿Cómo fundamos caminos sin cariño? Si no fuera por los amigos que vertieron su sangre en estas provincias no habría tenido ningún sentido. Buscamos lo sagrado de un hombre, la prueba de tomar una cama y cambiarla de habitación, así de sencillo, a la manera de esos pueblos que nos han precedido. Esto lo pensé un instante mientras con una varita escuchaba crujir la comida al fuego. Entonces volvieron a entonar las guitarras y soñábamos con abrir caminos. En la profundidad de la tarde tu cabello se hundia al sol.



Fotografía de Yuri Valecillo

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